A 34 años de su partida, familiares, músicos y admiradores volverán a reunirse en Agua Escondida en Cerro Colorado, para homenajear a una de las figuras más trascendentes de la cultura argentina. Roberto Chavero, su hijo, reflexiona sobre la vigencia de una obra que invita a reencontrarse con la tierra, la identidad y la propia esencia.
El 23 de mayo se cumplen 34 años del fallecimiento de Atahualpa Yupanqui, una de las figuras fundamentales de la cultura argentina y referente ineludible del folclore nacional. Poeta, guitarrista, compositor y escritor, su obra trascendió generaciones y fronteras a través de canciones, relatos y reflexiones que retrataron los paisajes, las costumbres y el sentir profundo de nuestro pueblo.
Aunque falleció en Francia en 1992, su presencia permanece viva en Cerro Colorado, el rincón cordobés que eligió como refugio y donde hoy descansan sus restos. Allí, en Agua Escondida, alrededor del mediodía volverán a reunirse familiares, artistas y admiradores para recordarlo a través de la música y la palabra. El homenaje contará con la participación de Roberto Chavero, Hugo Molina y Julio Cejas.
En la antesala de este encuentro, Roberto, su hijo, compartió recuerdos y reflexiones que ayudan a comprender por qué la obra de su padre continúa interpelando a nuevas generaciones.
Una obra que invita a volver a la esencia
Para Roberto, el homenaje anual no solo mantiene viva la memoria de Atahualpa Yupanqui, sino que también permite redescubrir el mensaje profundo que atraviesa toda su obra. “Desde las primeras canciones que compuso y los primeros textos está presente el universo: la tierra, el viento, las nubes, el agua, los árboles, las piedras, los animales, las estrellas, el sol y la luna. Todo eso refleja lo que él transmitió a lo largo de su vida: que no olvidemos que somos hijos de la tierra”, afirma.
Esa mirada, sostiene, es una de las razones que explican la vigencia de su pensamiento. “Esas voces, como las de mi padre, hacen que recuperemos la noción de quiénes somos. La vida de hoy es muy distractiva respecto de nuestra propia esencia. Estos lugares y estas obras hacen que uno recupere con claridad qué nos está faltando para sentirnos completos con nosotros mismos”. Para él, la obra de Yupanqui continúa ofreciendo respuestas en un tiempo marcado por la incertidumbre y la desconexión con la naturaleza. “El planeta es un ser vivo y permanentemente nos está enviando mensajes. El tema es si aprendemos a escucharlos o no”.
Lejos de la imagen del artista consagrado que recorrió escenarios de todo el mundo, Roberto recuerda a su padre como un hombre que recuperaba su esencia cada vez que regresaba a Cerro Colorado. “Era un paisano más”, resume.
En Agua Escondida volvía a encontrarse con el niño que había crecido entre caballos, sembradíos y caminos rurales. Compartía conversaciones con los vecinos, asistía a fiestas de campo, cabalgaba por la zona y disfrutaba de la vida sencilla del monte. “Recuperaba al niño paisanito que había sido. Compartía los sucedidos del pago, ensillaba el caballo, iba a alguna fiesta con otros paisanos, compartía los asaditos. Recuperaba el porqué de su mundo artístico”. Esos momentos, asegura, reforzaban la certeza de que el camino que había elegido como creador estaba profundamente ligado a esa tierra y a su gente.
Agua Escondida, un lugar que sigue hablando
Más allá de su valor histórico, Roberto considera que Agua Escondida conserva una dimensión difícil de describir con palabras. El monte, las piedras y el río que atraviesa el paisaje conforman un espacio donde cada visitante encuentra un mensaje diferente. “Muchas personas que nos visitan perciben algo muy especial. No es el mismo mensaje para todos. Cada uno captará, en la medida de su sensibilidad, qué le está diciendo este lugar”. Por eso cree que acercarse a la obra de Yupanqui también implica conocer el territorio que la inspiró. “Uno puede valorar la riqueza poética, las imágenes o la música. Pero si no se compenetra con el mensaje en sí mismo, que es hablarnos de la tierra y de nuestro vínculo con ella, es simplemente una aproximación superficial”.
Entre los recuerdos más entrañables de su infancia, Roberto conserva las cabalgatas junto a su padre hasta el almacén de la zona. Volvían muchas veces al anochecer, cuando el monte comenzaba a quedar envuelto en la penumbra. En una de esas travesías, Yupanqui le compartió una enseñanza que nunca olvidó. “Me dijo: ‘¿Sabés cómo le llaman en el norte a esta hora? La hora del quién tú eres’”. La expresión aludía a esos senderos donde dos personas se cruzaban sin poder distinguirse por la falta de luz, obligadas a preguntarse mutuamente quiénes eran. Con el tiempo, Roberto encontró en esa anécdota una reflexión más profunda. “Me quedó esa pregunta. Y creo que cuando uno se queda sentado tranquilo mirando el atardecer es bueno preguntarse quién soy”.
Al pensar qué canción representa mejor el tiempo presente, Roberto menciona una obra que resume buena parte de la filosofía de vida de su padre: Alumbrar los corazones. Una elección que parece sintetizar también el espíritu del homenaje que volverá a reunir a músicos y visitantes en Agua Escondida: mantener encendidas aquellas pequeñas luces que Atahualpa Yupanqui dejó como legado para las generaciones presentes y futuras. Porque, como recuerda su hijo, detrás de cada canción, de cada poema y de cada paisaje cantado, permanece intacta una invitación que atraviesa el tiempo: no olvidar que somos hijos de la tierra.

